El espectáculo de los Juegos Olímpicos de Invierno (atletas estadounidenses que alcanzan la grandeza en el escenario mundial) a menudo choca marcadamente con las realidades de la política interna y exterior de Estados Unidos. Esta disonancia cognitiva, en la que el orgullo por el desempeño nacional lucha con la vergüenza por las acciones del gobierno, no es sólo una tensión política; es una experiencia psicológica muy extendida, que los terapeutas ven cada vez más en sus prácticas.
El conflicto central
Estados Unidos a menudo proyecta una imagen de libertad, oportunidades y juego limpio, pero al mismo tiempo participa en prácticas como la separación de familias en la frontera, una aplicación agresiva de la ley e intervenciones extranjeras cuestionables. Esta contradicción crea un conflicto fundamental en muchos estadounidenses: ¿cómo se puede apoyar a los atletas de la nación y al mismo tiempo condenar su liderazgo?
Este no es un dilema nuevo. Estados Unidos siempre ha luchado por conciliar sus ideales con sus acciones. El aumento actual de la conciencia se debe a una mayor visibilidad de las injusticias, amplificada por las redes sociales y la cobertura noticiosa 24 horas al día, 7 días a la semana.
Cómo se manifiesta la disonancia cognitiva
Los psicólogos explican esta tensión como disonancia cognitiva: el malestar mental que surge cuando se mantienen creencias contradictorias o se actúa de manera que contradice los valores personales.
- Conflicto interno: Muchos sienten una “extraña mezcla de emoción e incomodidad” cuando animan a los atletas estadounidenses y se preguntan por qué apoyan al equipo mientras no están de acuerdo con el gobierno.
- Síntomas físicos: Esta disonancia puede manifestarse físicamente, con síntomas como tensión en el cuello, problemas digestivos o dificultad para dormir. El cuerpo responde a este estrés psicológico como lo haría ante cualquier otra forma de conflicto.
- Ambivalencia emocional: Algunos pueden incluso sentirse obligados a apagar los juegos para evitar un mayor malestar, incapaces de conciliar el orgullo y la vergüenza.
El espectro de la experiencia
La intensidad de esta disonancia varía. Aquellos que ya están acostumbrados a la injusticia sistémica pueden experimentar pocos conflictos. Para otros, en particular aquellos que creen firmemente en los ideales estadounidenses, la brecha entre la retórica y la realidad puede ser profundamente inquietante.
Navegando la tensión
Los terapeutas sugieren varios enfoques para afrontar esta paradoja:
- Reconozca la complejidad: acepte el hecho de que puede sentir múltiples verdades simultáneamente: orgullo por los atletas, disgusto por las políticas.
- Enfoque en la humanidad: Cambiar el enfoque del orgullo nacional a la dedicación y el sacrificio de los atletas individuales. Viva el esfuerzo humano, no la bandera.
- Alinee las acciones con los valores: Apoye campañas de ayuda mutua o infórmese para aliviar los sentimientos de desconexión.
- Reconocimiento en el mundo real: Como demostró la jugadora de hockey del equipo de EE. UU. Kelly Pannek, reconocer la injusticia junto con los logros deportivos es una poderosa forma de resistencia.
“Puedes admirar la disciplina y el sacrificio de los atletas, puedes estar totalmente en desacuerdo con la política gubernamental y puedes sentir tanto orgullo como disgusto sin necesidad de fusionarlos en un sentimiento ‘correcto’”. – Tanisha Ranger, psicóloga clínica
En última instancia, la disonancia persistirá mientras Estados Unidos siga actuando en contradicción con sus valores declarados. Éste no es un problema que haya que “resolver”, sino una realidad que hay que afrontar con honestidad y conciencia de uno mismo.
Para muchos, los Juegos Olímpicos se han convertido en un doloroso recordatorio de las contradicciones internas de la nación. Reconocer esta tensión es el primer paso hacia un patriotismo más honesto y sostenible.


























