Durante más de cuatro décadas, una mujer ha mantenido un intenso régimen de ejercicios, que incluye correr 45 millas por semana, entrenamiento de fuerza y explorar diversas actividades atléticas como gimnasia y natación en aguas abiertas. Su historia no trata sobre el máximo rendimiento, sino sobre el compromiso constante con el movimiento, la adaptabilidad y cómo adoptar el aprendizaje permanente mantiene su cuerpo y su mente en forma.

De la actividad infantil a la pasión de toda la vida

Su dedicación comenzó en la infancia, marcada por una educación activa y frecuentes traslados debido al servicio militar de su padre. Practicar deportes de equipo con hermanos aseguró una actividad física constante, fomentando una conexión profunda entre el movimiento y el bienestar. Más tarde, presenciar las carreras diarias de un vecino disciplinado despertó el deseo de realizar un entrenamiento de resistencia, lo que llevó a un amor por correr que duraría toda la vida.

La evolución de la rutina

La clave para la longevidad, sostiene, no es una adherencia rígida sino una adaptación constante. Después de 26 años enseñando aeróbicos cuando tenía 20 años, el agotamiento la llevó a buscar nuevos desafíos y finalmente descubrió la pasión por la gimnasia a los 50 años. Esto ilustra un punto crucial: el aburrimiento es enemigo de la constancia. Introducir novedades mantiene el fitness sostenible, ya sea a través de la calistenia, el entrenamiento de fuerza o la exploración de disciplinas no convencionales.

Priorizar la recuperación y objetivos realistas

A los 62 años, todavía corre 45 millas por semana y se despierta a las 4 a. m. para correr sola o en pareja. Esta rutina matutina también funciona como meditación, lo que le permite centrarse antes de que comience el día. Fundamentalmente, su enfoque no se trata de superar los límites sino de un entrenamiento cruzado equilibrado. Ella atribuye esto a evitar lesiones graves a pesar de décadas de actividad de alta intensidad.

El papel del entrenamiento de fuerza y la movilidad

El entrenamiento de fuerza no es negociable, pero su método es flexible, adaptándose a los niveles de energía diarios. Ella prefiere la calistenia (dominadas, parada de manos, flexiones musculares) para desarrollar fuerza funcional. También enfatiza la movilidad de la parte inferior del cuerpo mediante sentadillas, estocadas y sentadillas divididas, todas vitales para la prevención de lesiones.

Establecer objetivos alcanzables

La pieza final es el establecimiento de objetivos realistas. No persigue ideales inalcanzables, sino que se fija objetivos elevados pero alcanzables. Aprender a hacer el pino después de años de práctica, por ejemplo, demuestra que el progreso, por lento que sea, mantiene viva la motivación. Actualmente entrena para una maratón priorizando el disfrute y la prevención de lesiones.

“El fitness no tiene edad”, concluye. El secreto no es el máximo rendimiento ni la disciplina extrema, sino abrazar la exploración durante toda la vida y adaptarse a lo que nos hace sentir bien.